Visité el Instituto San Miguel en Las Heras, Mendoza. Viví un momento hermoso con dos cursos de sexto grado.
Dibujamos las postales de paz para enviar a Japón, como parte del viaje que tengo proyectado a Nagasaki.
Las preguntas que hacen los chicos son espectaculares; es el momento que más espero y me quedaría horas escuchándolos. El interés que mostraron fue fascinante y las postales quedaron maravillosas. Se notó en ellos una intención muy fuerte y sincera de desear la paz para el mundo.
Me llena el corazón ver a niños y niñas con ganas de saber, curiosos y sumando su arte por una buena causa. Da gusto comprobar que, dentro de tantas pantallas, los más pequeños mantienen esa llama encendida y ese espíritu colaborativo. Nos toca a los grandes acompañarlos y saber que siempre están ahí.
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